Me gusta la historia. Siempre me ha gustado, aunque no soy historiador.
Hoy contamos con herramientas de inteligencia artificial que, no desde hace años sino desde hace apenas meses, nos permiten algo hasta ahora impensable: no solo imaginar el pasado, sino verlo casi directamente. Sumergirnos en otras épocas como nunca antes fue posible y sentirnos, por un instante, contemporáneos de aquellos hombres y mujeres que forjaron la historia.
Este no es un trabajo académico. No dispongo de la formación ni del aparato documental propios de la investigación histórica. Sí dispongo, en cambio, de una tecnología que permite recopilar, contrastar y representar información de manera razonablemente honesta y correcta, haciendo el pasado accesible al neófito y, con las debidas cautelas, también interesante para el lector más experto.
El objetivo no es sustituir a la historiografía ni competir con ella, sino explorar las posibilidades divulgativas que ofrece la IA: disfrutar de lo que la tecnología nos permite hoy y de lo que, sin duda, nos permitirá mañana.
Es cierto que sería posible ajustar estas recreaciones sin ningún anacronismo desde un punto de vista estrictamente académico. Pero el esfuerzo necesario en tiempo, recursos y costes resulta desproporcionado para un proyecto de este tipo. Por ello, con la mejor de las voluntades, intento mantenerme en ese difícil equilibrio entre lo históricamente plausible y lo técnicamente operativo.
Las críticas constructivas serán siempre bienvenidas. Al fin y al cabo, todo esto nace de lo mismo que me llevó a empezar: el gusto por la historia y el deseo de compartirla.
